Fragmentos de la
vida de la familia Franco Vivas.
Los siguientes
son pequeñas historias obtenidas de una entrevista con Lisbeth Zulay Franco
Vivas de Garrido. El entrevistador fue
Gabriel Alexander Garrido, quien también transcribió el texto. Dicho hecho ocurrió en la ciudad de Oxford,
Mississippi, el 24 de mayo del año 2014.
Luego que José
Manuel Franco se enfermara, la familia Franco Vivas se vio en la necesidad de
mudarse de la urbanización Prado de María a una región de Caracas llamada ‘Ciudad Tablita’. La comunidad fue bautizada de esa manera
debido a que las viviendas improvisadas eran construidas por tablas. En España, a este tipo de comunidad marginal
se le denomina ‘chabolas’, como las chabolas de Madrid, mencionadas por Luis
Martín-Santos en su célebre novela ‘Tiempo de Silencio’.
La salud del padre
de familia, José Manuel Franco Mendoza, sufrió las consecuencias de trabajar en
la nociva atmósfera que había en las líneas de producción de la compañía
Chrysler. En dicha empresa él trabajaba
como pintor. Las medidas de seguridad
eran casi inexistentes. Los obreros
afectados, como José Manuel, no recibían la compensación real. Por esta causa, ante la ausencia del sueldo
primordial que sustentaba la numerosa familia, los Franco Vivas se ven en la necesidad de bajar su, ya modesto estatus social e irse con sus pertenencias a Ciudad Tablita.
Entre las nuevas vecinas
se encontraban: Severiana, quien tenía muchos muchachos. Vivía pobremente (en una comunidad de gente
pobre). En ese entonces Josefa Vivas vendía
hallaquitas, y siempre le mandaba un poco de comida a Severiana. Antonieta, a quien apodaban ‘la Cochina’, era
una prostituta que vivía al lado del rancho.
Águeda Felipa decía que, pese a que nunca había sentido rencor ni odio
hacia alguien, sentía que odiaba a Antonieta.
Más tarde, cuando la familia se mudó a un apartamento ubicado en la Parroquia '23
de Enero' de Caracas, en el bloque 40. Por coincidencia del destino, Antonieta logra que le pongan un puesto
de venta de periódico en dicho lugar. Cuando pasaba
Agueda (o sus hijas), decía: ‘¿y las princesas…?’ ‘Este mes me he practicado como dos abortos.' 'Aquí
hay unas personas que se la tiran de ti-qui-ti-ta-qui…' Antonieta, Severiana y Paquita vivían en el
bloque 40. Otra de las vecinas se
llamaba María ‘La Gorda’, una prostituta que trabajaba de ‘caminadora’, y tenía
muchos hijos. Ana Luisa, Carmencita y
Matilde eran tres hermanas prostitutas.
Carmencita era amiga de Águeda.
Luego se casó, o se puso a vivir con un PTJ (persona que trabaja en la Policía
Técnica Judicial), y se fue a vivir a un sitio mejor. Estas hermanas eran blancas de ojos
claros. Matilde paría a menudo, y de
cualquiera. Ana Luisa también era madre
soltera; tenía una rochela con Ana Luisa.
Esta última le crio un hijo a Cristóbal, como si fuera su hijo; se
llamaba Felix. Cristóbal era hermano de
Cruz Rojas. Cruz se unió a la familia
Franco Vivas cuando desposó a Ángela, segunda hija de José Manuel Franco y Águeda
Felipa Vivas de Franco. Tantas eran las vulgaridades que se escuchaban por las noches en los ranchos de los alrededores, que
Águeda les colocaba algodones en los oídos a los niños para disminuir la exposición de éstos a las realidades del mundo que los rodeaba.
En Ciudad Tablita había una señora que salía todos los días a las cinco de la tarde. Ella caminaba a la Cárcel Modelo, clamando ‘Devuélvanme a mis hijos’. Estoy debió de ocurrir por los años 56 o 57, durante la dictadura de Marcos Pérez Giménez.
Águeda les colocaba algodones en los oídos a los niños para disminuir la exposición de éstos a las realidades del mundo que los rodeaba.
En Ciudad Tablita había una señora que salía todos los días a las cinco de la tarde. Ella caminaba a la Cárcel Modelo, clamando ‘Devuélvanme a mis hijos’. Estoy debió de ocurrir por los años 56 o 57, durante la dictadura de Marcos Pérez Giménez.
En el rancho de
la familia en Ciudad Tablita no había closet, sólo un escaparate. Cuando algunas personas traían unos regalitos
para los niños, Águeda los colocaba dentro del escaparate. Entre estos, Lisbeth recuerda un jueguito de
loza. Águeda les decía, ‘Esto lo vamos a
usar cuando nos mudemos’. Los niños solían pasar horas viendo los juguetes, pensando en la dicha que sentirían cuando pudieran tocarlos. Por cosas del
destino, un día vino una inundación y se llevó la nevera y el escaparate con
todos los jugueticos.
La televisión
hizo su aparición por aquella época. Una
de las vecinas, la señora Lucila, ejemplo de la creatividad criolla para crear micro-empresas,
tenía un televisor, y cobraba una locha para ver un programa. Cruz Rojas y su hermano, Cristóbal, vivían en
el rancho de la señora Lucila. Durante
la inundación, fue Cristóbal quien agarró a Maritza y a Lisbeth (hijas de Águeda)
y las colocó a salvo en una loma.
Cristóbal Rojas murió
quemado. Él era mecánico. Hubo un circuito y
su braga agarró candela. Trabajaba en la
Volkswagen. Era bien parecido. Luego del
accidente sobrevivió por quince días, no lo podían reconocer. Este hecho ocurrió cuando estaban en el ‘23
de Enero’. Para ese entonces ya Ingrid,
primogénita de Cruz y Ángela, había nacido.
Teodoro era el hermano mayor de Cruz.
Ángela y Cruz vivían en la urbanización ‘Veredas de Urdaneta’. Allí velaron a Cristóbal, quien vivía con
ellos. La esposa de Cristóbal se llamaba
‘Fastorila’(no estoy seguro de deletrear bien el nombre). Tuvieron dos niñas. Ella era muy floja, su mamá se llamaba
Catalina. Una vez Águeda tuvo un
incidente con una ropa.
Cuando eran
niños, los padres de Cruz murieron con 9 días de diferencia. Quedaron huérfanos y los repartieron. Su mamá era de apellido Torres y era persona
de dinero; la desheredaron cuando se casó con un peón (Rojas). Los Torres son de Barquisimeto. Cruz se va para Caracas muy joven; después
se lleva al hermano y viven en Ciudad Tablita, en una habitación en el rancho
de la señora Lucila.
En Ciudad Tablita había una escuela llamada ‘Sergio Medina’. Los niños iban a la escuela. Esa escuela era para gente de clase media-baja. Ciudad Tablita la tumbaron para construir una estación de El Metro de caracas, cerca de la Cárcel Modelo.
Miguel Franco
estuvo preso en la Cárcel Modelo y la señora Ana lo sacó.
Entre los sucesos
de esta época, Lisbeth recuerda la pelea entre un viejito y un ladrón. El viejo vivía con su hija llamada Marcolina,
quien se la pasaba en la calle. Un día
Marcolina salió embarazada. Una vez se
la llevaron para el hospital. El niño
estaba siempre con el viejo, en unas hamacas, sucios los dos, ‘negros’. La gente le preguntaba, ¿Y el niño?. Él contestaba ‘Ta otao’ (está acostado).
La casa en que
vivía Abigail y tía Carmen no estaba ubicada lejos de Ciudad Tablitas.
Cuando la familia
se mudó a Ciudad Tablita, los abuelos aceptaron la mudanza mejor que Águeda, quien
siempre tuvo aspiraciones de una vida mejor.
Los niños jugaban
en el recibo, pero a las nueve de la noche debían de irse a dormir. Como a las siete de la noche salían afuera a
escuchar cuentos de muertos. En la
Venezuela rural, eran común las historias de espantos, la Sayona, la Llorona,
el Silbón, son unos de tantos otros que pertenecen al folklore del país.
En las noches Ángel
López (el patriarca adoptivo de la familia) solía sentarse a ver el periódico. No sabía leer, pero intentaba comprender lo
que sucedía creando historias a partir de las imágenes. En estos momentos, solía encender un
cigarrillo, que compartía con Josefa de López, su esposa. En una de tantas noches, mientras los abuelos
ejercían aquel ritual nocturno, los niños, carentes de entretenimientos, improvisaban
travesuras. Fue entonces cuando Erwin
(tercer hijo de José y Águeda), se le ocurrió gritar desde un rincón, simulando
una voz grave; ‘¡Viejo no fume tanto!’
Luego de los cual los niños estallaron en carcajadas. Ángel López no respondió, continuó fumando su
cigarrillo. Y como era natural, luego de
un gran éxito, Erwin volvió a decir; ‘¡Viejo no fume tanto!’ Y volvieron a surgir las carcajadas. El abuelo siguió fumando su cigarrillo en
silencio, mientras era objetos de risas inocentes. Pero una vez que terminó de fumar, se
levantó, tomó a Erwin por el brazo y le dio de correazos, a pesar del llanto de
sus hermanas.
Los recuerdos de Lisbeth sobre Ciudad Tablita son limitados. Cuando era muy niña, durante la mudanza, se negaba a entrar al rancho. Posiblemente le parecía muy feo. Los abuelos, Ángel y Josefa, bromeando, le recordaban esto de vez en cuando.
José comenzó a trabajar de taxista; manejando autos que alquilaba.
Lisbeth recuerda que una vez, cuando tenía unos cinco años, se despertó una noche y escuchó a alguien llorando, era su madre Águeda. Le preguntó, ‘¿Qué te pasa?’, y su madre les respondió, ‘Me duele la espalda.’ Lisbeth la sobó un rato hasta que se quedó dormida.
En una ocasión, una mujer, de una clase social algo más alta que Águeda, viendo a la niña Lisbeth Zulay, que era rubia, le pidió a Águeda que se la diera para que la criase. ‘Mira esa niña tan bonita creciendo en este lugar. Tú no le vas a poder dar las oportunidades que yo le daré. ¿Por qué no me la das…?’ Águeda recordaba esto el día en que tuvo la dicha de ver a su hija graduase en Estados Unidos, luego de obtener su segunda Maestría. 'Esa mujer dijo que conmigo la niña no llegaría a nada, y aquí estás.' Aquel debió de ser un momento de satisfacción personal para Águeda.
Vivir en la pobreza no es nada fácil. Los deleites materiales son escasos. Lisbeth recuerda que cuando Águeda se iba, los niños tomaban un poco de leche en polvo en una cucharadita y lo mezclaba con azúcar. Aquello les sabía cómo un manjar. Cuando un niño se enfermaba, le compraban un pequeño jugo Yukery y una galleta de soda. A veces querían enfermarse para poder gozar de estos deleites que el día a día les negaba.
Zulay
recuerda que cuando ella cumplió quince años, su hermana Mercedes Belkis se
quemó. La fecha exacta es el 21 de diciembre de 1965. Ese día recibió un regalo de un joven humilde,
quien vivía en los ranchos; un disco cuyo título era “Vampiro, vampiro”. El accidente ocurrió en un momento del día en
que Agueda preguntó, “¿Ya el café está listo?
Y Belkis, de tan sólo siete años de edad, intentó hacerse cargo del café
y el líquido terminó bañando a la niña, provocándole graves quemaduras.
Ante esta situación, Agueda quedó paralizada. Elsa y Zulay tomaron a Belkis y en un taxi la
llevaron al puesto de socorro más cercano.
Allí la limpiaron y la envolvieron en vendas. Luego de que terminaron de atenderla, la
mandaron a la casa, pero allí Belkis se quitó
las vendas. Por eso terminaron llevándola al “Puesto de Salas”. Zulay recuerda que una mujer tenía allí tres
meses porque su esposo le había echado gasolina
y para luego encenderla en llamas.
En ese lugar la personalidad de Agueda terminó ganándose a las
enfermeras para poder pasar la noche con Belkis; las ayudaba con otros
pacientes, entre otras cosas. En ese
entonces Zulay formaba parte de un conjunto de aguinaldos, y a menudo cantaban
en los hospitales. El conjunto fue al
Puesto de Salas. Zulay recuerda que en
un cuarto yacía el cuerpo de un joven llamado Leopoldo, de dieciséis años, que había
muerto patinando.
Luis fue un deportista excepcional. Se destacó en el baloncesto, el tenis de mesa, fútbol y la raqueta de playa. Durante el período que estuvo lesionado, su inquietud por competir en alguna actividad, le llevó a observar a algunos jóvenes que jugaban al ajedrez. De esta forma Luis aprende a jugar ajedrez.
-Este texto digital es el resultado de una entrevista hecha a Lisbeth Zulay Franco Vivas de Garrido. El texto original, escrito a mano por Gabriel Alexander Garrido Franco, lo conforman 12 páginas y dos líneas. La entrevista fue realizada en Oxford, Mississippi, los días 24 y 25 de mayo del año 2014. Cabe destacar que el texto digital presente en este blog es una modificación del texto original.
En un
carnaval, aproximadamente en 1968, Luis llevaba varios días perdido. De pronto viene un muchacho, de la familia
Perozo, y les comunica que Luis estaba en el Hospital de Salas. Él y algunos amigos habían tenido un
accidente en un auto. Ángela, Cruz, Elsa, José y Zulay van al
hospital. Agueda no fue en ese
momento. En el hospital les informan que
Luis tenía una fractura en el cráneo. “Ése
no amanece,” les dijeron. El amigo que
estaba manejando tenía un vidrio incrustado en el hígado. Erwin se quedó esa noche con él, y le salvó
la vida cuando llamó a una enfermara al notar que Luis no podía respirar por
una sonda que le habían introducido por la nariz. La enfermera no quería prestarle mucha atención
a Erwin, pero su insistencia terminó salvando a su hermano. Luis no podía masticar, porque se había
fracturado la mandíbula. Tenía que tomar
mucha avena.
Luis fue un deportista excepcional. Se destacó en el baloncesto, el tenis de mesa, fútbol y la raqueta de playa. Durante el período que estuvo lesionado, su inquietud por competir en alguna actividad, le llevó a observar a algunos jóvenes que jugaban al ajedrez. De esta forma Luis aprende a jugar ajedrez.
Luis
nunca fue una persona de estar permanentemente en el hogar. Se puede decir que él le perteneció a la
ciudad. En una ocasión, cuando éste
tenía unos ocho años, Agueda lo encerró para
evitar que saliera a la calle. En ese
tiempo la familia vivía en El 23 de Enero, en el piso 11, apartamento 124. Al rato el niño estaba jugando abajo; se había
salido por la ventana para luego pasar a otro apartamento. Desde ese día Agueda decidió no volverlo a
encerrar, por el miedo a que Luis se cayera desde esa altura. Un incidente parecido le ocurrió a Rolando,
quien se guindó una vez del cable de la ropa, queriendo imitar el vuelo de superman
con una capa amarrada al cuello.
El 23 de enero de 1958 cayó la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Venezuela saboreó, por aquellos días, los primeros aires de un proceso democrático que a la postre no cumpliría con las expectativas de la población. En honor a dicha fecha, un enorme complejo habitacional fue bautizado como 23 de Enero. Originalmente este sector no había sido construído para albergar familias de bajos recursos; sin embargo, una vez caída la dictadura, los habitantes de sectores marginales como Ciudad Tablitas, invadieron los edificios para nunca salir de ellos. De esa manera la familia Franco se muda de Ciudad Tablitas al 23 de Enero.
El 23 de enero de 1958 cayó la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Venezuela saboreó, por aquellos días, los primeros aires de un proceso democrático que a la postre no cumpliría con las expectativas de la población. En honor a dicha fecha, un enorme complejo habitacional fue bautizado como 23 de Enero. Originalmente este sector no había sido construído para albergar familias de bajos recursos; sin embargo, una vez caída la dictadura, los habitantes de sectores marginales como Ciudad Tablitas, invadieron los edificios para nunca salir de ellos. De esa manera la familia Franco se muda de Ciudad Tablitas al 23 de Enero.
Vivir en sectores marginales no era una cosa sencilla; había que aprender a desenvolverse en un lugar que en uno que otro momento se tornaba hostil. Zulay recuerda que en alguna ocasión su madre Agueda la mandó junto a su hermana mayor Elsa a comprar algo en la bodega. Durante el trayecto, subiendo las escaleras, un hombre les dice que las puede ayudar, y seguidamente les muestra el pene. Elsa aló a su hermana rápidamente y salieron corriendo alejándose del peligro.
-El octubre del 2015, cuatro páginas, de doce, han sido transcritas.
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